Ansiedad
Parece ser que ya no duele más, las llagas en los tobillos empiezan a sanar y las ampollas ya me causan un cosquilleo de ardor como si estuvieran prontas a secarse, ahora son solo cicatrices pequeñas que me recuerdan donde estuvieron por años las cadenas en mis pies, puedo mirar de reojo y el plumaje de mis alas ya no tiene más ese cebo grisáceo, está volviéndose blanco y se asemeja a suave algodón, siento como mi pecho se ensancha con cada respiración, la ventana hacia la nada ahora tiene un suave calor del sol de mediados de primavera, el reflejo podría dejarme sin visión sino estuviera maravillada, perpleja por tanta belleza del cielo azul.
Mis alas entumecidas pueden moverse, por primera vez puedo despegar mis pies del suelo y emprender un viaje; abro la ventana hacia el cielo y la ráfaga de emociones me envuelve y baila conmigo, ni siquiera podía imaginar que la libertad se sintiera tan fresca y feliz.
Ahora miro hacia el frente y no veo temor, sólo hay luz destellante cegadora que me pide ir hacia adelante, puedo sentir la aventura, lo desconocido ahora es intrigante, trabajo por y para ello.
Puedo entender con claridad lo que aconteció, la nube gris que daba a la ventana se esfumó y el ogro que me tenía cautivo por fin se desvaneció; una melodía angelical aturde los malos pensamientos, se han ido, se fueron para siempre y sólo dejaron la emoción que causa el perseguir tus sueños y el volar hasta trascender con ellos.
J.J
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