Tu silencio era lo que te caracteriza y triunfaste junto con él cuando te marchaste, no dijiste nada, ni un por qué o un adiós.
Fuiste capaz y valiente de terminar algo que sólo era una ilusión, ahora puedo ver. Durante mucho me preparaste para este momento y aunque siempre lo supe, nunca iba a estar lista para cuando pasara lo que tenía que pasar.
Tu ausencia solo me hacía extrañarte más.
Tu inseguridad me convertía en un escudo para protegernos a los dos.
Lo que callabas me pedía a gritos hablar.
Lo que sentías solo me hacía amarte más.
Así era como nunca iba a poder decir adiós y tú lo sabías, yo no era capaz de romper lo que había entre nosotros porque aunque fue efímero, era tan real y tangible que nada de lo que pasara por mi vida me podía hacer sentir de la misma manera.
Seguridad, confianza, tranquilidad, amor, inspiración, términos que no podría adjudicárselos a otro ser.
¿Cómo poder decir que contigo aprendí más de lo que alguien podía enseñarme? ¿Por qué te vas? ¿No confías en mí? Yo nunca te podría juzgar ni siquiera. Tu existencia alimentó la mía por tanto tiempo que ahora con tan sólo respirar siento el crujir de un montón de hojas en otoño sobre mi pecho.
Me encantaría decir que tengo una explicación para tu sorpresiva partida pero sería una vil mentira, tu espontaneidad e impredecible ser, son dos de las cosas que más me gustan de ti.
No sé porque haces las cosas, no sé si sabes lo mucho que me estás doliendo, no sé si sabes cómo es que te amo, pero lo que si sé es que para decirte adiós tendría que resignarme a que nunca vas a volver y si me conoces sabrás que yo siempre tengo fe en ti y que lo que haces nunca es para herirme.
Por eso, me quedo con tus versos, tus canciones, con tus ojos y con todos tus 'te amo', con la manera apacible en la que eras conmigo y tu paciencia cuando tenía miedo, me quedo con las cosas buenas que te dije y con tú promesa de no dejarme nunca.
Ángel
No hay comentarios.:
Publicar un comentario