Hablar con él es como una vieja película de drama, está la
tensión, los momentos románticos, las decepciones, el llanto, las despedidas y
el final en donde regresas a casa con un agujero en el pecho recordando todas
las múltiples cosas que te hizo sentir.
No cambiaría por nada esas
horas que pasan, son sagradas, las vivo y me hacen perderme del planeta tierra,
me llevan a ese mundo que él ha construido para mí, ese mundo que sólo él y yo
conocemos; es tan él, no tengo manera de explicarlo, nadie más me hace sentir
así y me asusta. ¿Podré encontrar el amor en alguien cómo lo encontré contigo?
Quien que me haga vivir y
morir en unas horas, quien que me haga sonreír, esas muestras de atención, esa
paciencia con la que escucha todas las cosas coloquiales que digo, que trate de
darme consejos aunque al final admita que eso no es lo suyo, esas palabras
sinceras que suelta y que hacen que mi corazón de vuelcos de alegría, esos
sarcasmos y esos celos, los comentarios fuera de lugar, las palabras bonitas
que me dice, cuando me trata como una pequeña, los halagos coquetos y las
discusiones infantiles, esa espontaneidad con la que habla y me saca suspiros
y que me ensanchan el pecho; y es que con nadie disfruto más las noches, nadie
es él, Nadie me rompe con una sola palabra y aunque se vaya 100 días regresa y
parece que no ha pasado ni un minuto desde la última vez que estuvo aquí.
Las palabras que dice no me bastan, no voy a estar tranquila con un encontrarás a alguien que te merezca de su parte.
Las palabras que dice no me bastan, no voy a estar tranquila con un encontrarás a alguien que te merezca de su parte.
Las palabras que escribo
no son suficientes, ninguna de ellas llena el vacío que deja cuando se va, ese
vacío incierto de no saber cuántos días pasarán para que nos volvamos a
encontrar, pero yo lo espero, como siempre, como cada noche contando estrellas,
dibujando su nombre con cada una de ellas.
Hablar con él es como un
huracán que se aproxima, hay minutos de calma y luego vuelve a comenzar la
tormenta, una tormenta que vivo sola cuando él se va, cuando a pesar del tiempo
y las horas nada fue suficiente para decirle todo lo quería, para contarle
todos esos cuentos absurdos o para preguntarle todas las cosas que tenía
planeada; el agujero en el pecho no se va por más que escriba, por más
que quiera dejarlo plasmado en papel para que deje mi piel, sigue rondando mi
mente como un castigo que jamás cometí. ¿Cómo explicar que se siente dolor
mientras sonrío? ¿Cómo explicar el brillo en mis ojos mientras lloro? Es tan
extraño y desconocido, ¿Cómo mitigo este vacío? No tengo nada y ojalá tampoco
tuviera corazón pero es que parece que pega los pedazos con su regreso y
poco a poco se rompen con su partida esperando el día en el que aparezca de
nuevo pero se hace eterno, desolado, como un desierto, un camino largo y ni una
gota de agua.
Just Jane.
Es increíble como tu película de drama transmite tanto, nunca dejes de hablar con él si te provoca escribir como lo haces. Gracias por la inspiración Jane.
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